martes, octubre 05, 2010

VOLANDO VOY

Son los juegos de la Commonwealth e India y el aeropuerto de Delhi se han convertido en un hervidero de gente, razas, lenguas, miradas, colores, sonidos, estímulos.
Espero el vuelo a Katmandú, frente a las cristaleras de la terminal, contemplando un grupo de halcones que sobrevuelan en círculos el ajetreo constante de la plataforma. Recortan sus siluetas sobre el contaminado cielo de Delhi con un vuelo pausado e hipnótico. Así, absorto en pensamientos y sensaciones, recuerdo la conversación con Marti, el pasajero que se sentó a mi lado en este vuelo intercontinental.
Era un sudoroso informático alemán de 36 años que viajaba a India por primera vez para trabajar unos meses en un proyecto de niños con autismo. Al decirle que voy a Nepal enseguida me preguntó si me interesaba el Budismo. Se notaba que tenía ganas de hacer proselitismo y contarme las excelencias del budismo mágico. Según me contó, practicaba Vajrayâna, o forma de la mano izquierda, el “Vehículo de Diamante”, una de las innumerables sectas tántricas. Desde mi perspectiva escéptica pero curiosa mostré interés haciéndole respetuosas preguntas, así que Marti me contó que pensaba peregrinar a Kusinagara, en el estado indio de Uttar Pradesh, donde murió el Buddha. Más tarde me enteré que en esta zona prácticamente no quedan budistas. El resto del viaje lo pasé matando el tiempo con pelis de Bollywood y la desternillantemente mística The Men Who Stare at Goats. Jeff Bridges en el papel de un gurú new age contratado por el US Army para entrenar espías psíquicos (“jedi warriors”). Basado en una increíble historia real.

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