Desde que he dejado el trabajo, los últimos días han sido muy intensos.
Esta vía mítica fue un gran reto antes de irme de viaje. No me da tiempo a escribir una piada sobre seguros precarios y alejados, de angustia, miedo y euforía; de escalar en la niebla, como un barco fantasma surcando un oceano de rocas, de chimeneas angustiosas, de fisuras interminables, de placas, bavaresas, chiemeneas infernales... Vertigo y emoción. Alegría de vivir.
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Las fotos, AQUÍ, hablan por si mísmas.
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Solo contaros que en la reunión del sexto largo, después de una escalada de infarto sobre una roca podrida y un último seguro precario, oímos la voz del gurú desde las profundidades. Era Picazo, el aperturista de la vía en 1976, el artífice de esta locura vertical, mandandonos sus mejores deseos desde el refugio de Santa Cecilia. No imaginabamos que saldríamos de noche. Gran final místico para una vía mítica.
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