Enmarcado en las ojas de bamboo, el sagrado Machapuchre (6.993m), visto desde la aldea de Kimche.
El último día del trekking me despierto en mi modesta habitación de Ghandruk con vistas al Annapurna South. Después de 5 días de escaleras y 10 kilos a la espalda tengo las rodillas un poco doloridas. Pero estoy feliz, y sonrío hacia los 1000 metros de desnivel que me esperan entre verdes arrozales y terrazas de cultivo. “Pain is inevitable, suffering is optional”.
Me encuentro con tres jóvenes porters y les acompaño por el camino. 18 años, sandalias made in Taiwan, 45 kilogramos en la espalda y ni un día de vacaciones. Pruebo el sistema de carga con cesta a la espalda sujeta por una cinta en la frente y casi me desnuco. En cuanto doy dos pasos se me cae la cesta y los chavales se descojonan. “Baliyo bhariyâ!!” (strong porter) les digo con admiración y respeto. Y yo quejándome de mis 5 días con una mochilita. Cuando paran a descansar no quiero cortarles el ritmo, así que me despido con un Namasté! Y sigo mi camino.
Poco más abajo me encuentro con una señora, que no veas como corría la jodía escaleras abajo, con chancletas y todo. Apenas podía seguirla con las ampollas en los pies y la rodilla medio chunga, asi qué saltaba los escalones de dos en dos con ayuda de un bastón para que no me dejara atrás. Bajamos hablando todo el camino hasta Nayapul, adivinando conversaciones, imaginando lo que el otro decía e inventando palabras en idiomas que ninguno de los dos dominábamos. Al final bajo el ritmo, y mientras descansábamos sentados junto al camino, me quitó una hoja que tenía en el pelo, con tal delicadeza que casi me ruborizo. Momentos después se sonaba los mocos y se limpiaba la mano restregándola en la corteza de un árbol.
Era una señora budista y a pesar de que le dije que no podía aceptarlos me regalo dos colgantes, primero uno cuando le di agua para beber y después cuando le regalé el palo que utilizaba de bastón. Me empezó a llamar hijo, y la mujer casi llora cuando nos despedimos en Nayapul. Me dio el teléfono de un amigo y el nombre de otro para que la localizara si volvía por allí.
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