sábado, noviembre 13, 2010

VAGABUNDO DEL DHAMMA

Se acaboo la vida monastica. Ha pasado el último día del curso, los estudiantes se han marchado, y después de coger un par de contactos interesantes, me he quedado unos días más, para ayudar a Madhu, el manager del centro, a recoger mantas, limpiar servicios y tenerlo todo listo para el siguiente curso en diciembre. Madhu (“Honey” en nepalí) es un dulce y amable joven con alma de anciano sabio. Reservado y humilde, parece la reencarnación de un lama, de un monje sagrado. Practica el “noble speech” y si no tiene nada importante o nuevo que decir, no abre la boca. No conocía su propia edad, cosa común entre nepalíes, pero debía rondar los 25 años, y a su corta edad ya era el encargado del centro. Vino aquí del valle de Kathmandu para servir durante 3 meses, y ya llevaba 3 años, viviendo solo en el centro, trabajando seriamente en SILA, SAMADHI y PRAJNA. Meditando a diario, al menos 3 horas, para obtener un conocimiento más profundo del funcionamiento de la mente. Un desarrollo imprescindible para tener más facil acceso a nuestro acontecer interior y al mundo que nos rodea. En palabras de Madhu, “para desprenderse de capas de miseria e ignorancia y ser una persona verdadera”.

Hoy el gong de la mañana vuelve a sonar a las 4:00. Recojo mi manta y mi colchón y los bajo al almacén. A las 4.30 estoy meditando con el Guru AT. Madhav Dhungana en el Dhamma Hall. Los pensamientos no paran, no consigo concentrarme en Anapanna, la respiración. Van llegando Karki y Madhu, que se sientan a nuestro lado imperceptiblemente. Al de una hora y media, abro los ojos y me muevo. Record. Aunque no haya mucho Vipassana en simplemente permanecer parado. Los últimos 15 minutos de la meditación, los paso divagando. Desayuno te con galletas y a las 6:30 me marcho caminando con Karki que regresa a Pokhara y el maestro que también regresa a su casa.

Le digo a Madhu que nos acompañe fuera del centro para poder darle un abrazo. Creo que está triste. Tiene que ser duro permanecer tanto tiempo solo, por mucho que trabaje el desapego. Nos damos un abrazo y me coge brevemente de las manos. No hace falta decir nada, pero no puedo evitar un “all the best Maddhu, keep in touch”. Pasamos por delante de la destartalada casa que le han prestado a Sarah, la estudiante italo-canadiense (mira! Como Leolo!) de los ojos cristalinos, cuerpo frágil y voz dulce. “puedes venir cuando quieras, si conoces alguien interesante dile que se pase también”. Desde Begnas Tal me invitan a las 8 rupias (menos de 10 centimos de euro) que cuesta el bus hasta la Prithvi Highway, donde se separan nuestros caminos. Karki me negocia el precio hasta Kathmandu del microbús con el enfurruñado cobrador, que quisiera cobrarme un precio mayor que la tasa normal. 300 rupias 5 horas de curvas y adelantamientos mortales a base de bocinazos y pitidos. La bocina, el intermitente nepalí! En el camino 3 vomitadas de una cría, 2 de una chica (preciosa!!) con una gallina por bolso. La gallina se ha cagado (literalmente) de miedo y no veas que olor. Parada pa mear y pa comer y happy in Kathmandu. Que infierno de ciudad. Silvia y Diana llegan 10 minutos después que yo a su casa. Chequeo el mail y vamos a cenar al restaurante Gaya. Después de 30 días como algo que no es arroz. Me acuesto acordándome de Madhu, y feliz. Feliz! Feliz como no hacia tiempo.

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