miércoles, junio 24, 2009

HACE 60 AÑOS

Los bancos en su esfuerzo por acrecentar su liquidez, reducían los préstamos, ocasionando una fuerte presión financiera sobre las empresas, que para muchas resultó fatal. Las más afectadas fueron, naturalmente, aquellas cuya situación económica era más frágil. Pero incluso las que contaban con una sólida estructura financiera sufrieron los efectos de la caída de los precios: entre 1929 y 1932, el índice general de precios se redujo en un 30%, siendo los más afectados los agrícolas, que perdieron más del 50%. El sector industrial se defendió en los primeros años, disminuyendo su producción, que se redujo a casi la mitad entre 1929 y 1932, y por tanto, conteniendo la caída de los precios con una menor oferta. Pero esta fuerte reducción de la producción se tradujo en una caída de los salarios nominales y, sobre todo, en un impresionante incremento del paro, con su secuela de desórdenes sociales, especialmente en el campo. El número de parados pasó de 1,5 a 12,6 millones entre 1929 y 1933, lo que representaba el 25% del total de la población activa.
La difusión de la crisis tuvo lugar a través de tres canales: las medidas arancelarias proteccionistas adoptadas por los Estados Unidos en 1930, la exportación de la caída de los precios y la reducción de los préstamos norteamericanos al exterior.
La caída de los precios se extendió al resto de las naciones a través de sus exportaciones, obligando a los países concurrentes en el comercio mundial a ponerse en línea con los precios norteamericanos para que sus productos fueran competitivos. Por último, el <> de Wall Street redujo la liquidez de los prestamistas estadounidenses, razón por la cual éstos se abstuvieron de conceder nuevos créditos con los consiguientes efectos negativos en todas las naciones donde los Estados Unidos se habían convertido en el principal proveedor de capital.

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