Sucesión de recuerdos e imágenes pugnaces: beatitud serena del orbe después del apocalipsis; impresión de ser los últimos ejemplares del extinto homo sapiens; captación intensa, con los cinco sentidos, de manifestaciones y signos de vida orgánica posteriores a la catástrofe; trayecto a monte traviesa siguiendo atajos minúsculos, sendas dudosa, pistas que no llevan a sitio alguno y bruscamente se borran.
Incandescencia mistica en el valle de GöremeDespués de la meseta abrupta y austera, el alucinador escenario creado por la conjunción de los elementos me arrebató de nuevo a Gaudí: columnas tocadas con gorros o cucuruchos, alineadas como lápices emblemáticos, alfabetizadores; bosques de conos de agujas, flechas, obeliscos, medusas fósiles; imprevistas variaciones cromáticas; rupturas de la funcionalidad normativa; incancendescencia mística; puro, racional delirio arquitectónico.

Delirio arquitectónico en Capadocia
En el valle de Göreme y, más allá, camino de Zelve, nuestra mirada abarcaría aún iglesias sin fieles agujereadas en escarpas fragosas o insertas en el interior de conos, monasterios abandonados, celdas de ermitaños, paredes con cruces pintadas o esculpidas, vestigios de vida eremítica de anacoretas fugitivos del furor de los iconoclastas, enormes colmenas rupestres con ventanas, pasadizos, escaleras, linternas, en las que Cristo, la Virgen y Apóstoles alternan con san Jorge y el dragón, santa Catalina y santa Bárbara. Inscripciones helénicas, trazadas por los monjes, rememoraban también las que adornan monumentos gaudianos.

Frescos de una iglesia rupestre en el Open Air Museum de Goreme
Texto de Juan Goytisolo ("Aproximaciones a Gaudí en Capadocia")
Las fotos de AQUI
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