miércoles, junio 23, 2010

DECRECER EL TIEMPO DE TRABAJO

Retomemos los pares dicotómicos del paradigma patriarcal; encontramos uno que hace referencia al trabajo: Trabajo productivo vs. Trabajo reproductivo. Una vez más actúa el sesgo androcéntrico que nos dice que el trabajo productivo es el que tiene valor, el que produce PIB, el que se cuantifica, el que se paga con dinero. Al reproductivo, en cambio, no se le asigna una cuantía, no se tiene en cuenta, no se visibiliza, casi no existe.

El trabajo entendido como un par dicotómico niega la existencia y la importancia del trabajo domestico.

Un ejemplo: la creciente precarización del empleo para fomentar la competitividad ha obviado la imposibilidad de conciliarlo con el mundo doméstico, lo cual ha aumentado la presión sobre las vidas de millones de mujeres. Es más, aunque nunca se llegara a aprobar, sólo el hecho de que en el seno de la UE se propusiera implementar jornadas laborales de 65 horas, muestra el desprecio absoluto por todos los trabajos de cuidados (¿quién y en qué condiciones los harían?). Por este motivo, desde las teorías feministas se aboga por hacer una redefinición de la palabra ’trabajo.’ [9]

Vivir con menos para vivir mejor” implica reducir (o que desaparezcan) las horas de trabajo destinadas a producir bienes materiales innecesarios, y reducir en general, el resto del trabajo. Tendríamos así más tiempo para otras actividades, como el ocio, el tiempo libre, y los momentos de relación y creación. Sin embargo, este planteamiento resulta insuficiente. Si reducimos las horas y la carga de trabajo (productivo) aumentaremos necesariamente las horas de trabajo (reproductivo) pues habrá muchas ocupaciones que antes se externalizaban y que son necesarias para el mantenimiento de la vida.

En primer lugar, se tienen que visibilizar dichos trabajos, que engloban desde el parto y la crianza, hasta el cuidado de ancianas/os, de personas dependientes, pasando por las tareas cotidianas de compra (o recogida de alimentos) preparación de la comida, proporción de la vestimenta, limpieza, etc.

Son trabajos a los que hay que devolverles, en segundo lugar, un valor y un reconocimiento. Y para ello se les tiene que devolver el gusto y el placer de realizarlos, aunque muchas veces sean trabajos costosos y dolorosos. En último lugar, tiene que haber un reparto equitativo de estos trabajos entre hombre y mujeres.

¿Decrecer el tiempo de trabajo?

Para poder cambiar la mirada y llegar a una sociedad sostenible e igualitaria, tenemos que redefinir y revalorar los aspectos que forman la base de nuestra sociedad y damos por hecho. En la actualidad, el mercado constituye el epicentro de nuestra sociedad y todos los conceptos claves son definidos respecto a él: cuando hablamos de trabajo, nos referimos casi exclusivamente al trabajo remunerado, el empleo, cuando hablamos de riqueza, nos referimos a la riqueza en términos monetarios y cuando hablamos de bienestar, nos referimos a los niveles de consumo, etc. Para poder llegar a una sociedad sostenible e igualitaria, hace falta cuestionar ese papel prioritario que otorgamos al mercado y poner la sostenibilidad de la vida en el centro de nuestro análisis de la realidad.

No hay que exigir el pleno empleo, sino la redistribución de los trabajos remunerados y sobre todo, los no remunerados.
Esta exigencia parte de la observación de que cuando los hombres se quedan sin empleo, se quedan parados en el sentido literal de la palabra. No pasan a asumir los trabajos del hogar y de cuidados, sino que estos trabajos los siguen realizando mayoritariamente las mujeres.

Imagen de "Los lunes al sol"


Bibliografia

[9] Anna Bosch, Elena Grau y Cristina Carrasco, 2003, “Verde que te quiero violeta”.

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