jueves, enero 22, 2009

LA ÚLTIMA DE CADIZ, LO PROMETO

Estaba contándole a mi hermano las aventurillas del viaje por Cádiz, exagerando y embelleciendo el relato hasta parecer un aguerrido explorador solitario en la ruta de la seda, cuando se me acabó la batería del móvil.

Lo cierto es que se me da mejor la palabra escrita que hablada, y así le obligo a que entre en el blog por segunda vez en su vida y deje ese interesante comentario que me hacía sobre nosequé palabro gaditano que significa lo mismo en euskera (curiosa coincidencia que alguien con el tiempo e inquietudes necesarias debería investigar!)

El primer tramo en solitario entre Algeciras y Jimena de la Frontera trajo anécdotas curiosas.
“Comienzo el día pedaleando en paralelo a la bahía por la vía de servicio de la autovía. Hasta que se acaba y me convierto por unos cientos de metros en blanco fácil con el portaequipajes cargado. Me reconforta el ridículo chaleco amarillo que puede salvarme la vida ante algún conductor despistado. Pasado el rugir de la autovía, paro en unas chavolas junto a un poligono y pregunto si voy bien por acá. Un tipo con botas de montar, sombrero de cowboy y mostacho tex-mex me mira desde la sombra del porche. Sentado en su silla de mimbre parece que estuviera viendo un piel roja con toda una ristra de cabelleras en la cintura. Si voy bien. Será que soy un tío afortunado.
Llego pronto a las faldas del Castillo de Castellar de la Frontera. La subida merece la pena para contemplar esas casas blancas arropadas por un antiguo fortín musulmán. Restos de una fortaleza árabe del siglo XIII reconvertido en un turístico pero encantador reducto hippie.
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En una plazuela del pueblo conozco a Marlon, y a su hermano que no quiere decirme su nombre. Se les nota a la legua que son alemanes, sobre todo a Marlon. Rubio, casi albino y con ese pequeño deje germánico en las erres, a pesar de su perfecto acento andaluz. Les compro un kilo de mandarinas y charlamos sobre la vida en el pueblo. “Aquí todo es muy tranquilo, demasiado". Puedo imaginarme como lo pasa un chaval en plena ebullición de testosterona adolescente en un lugar tan bucólico. “Nos vamos de viaje de estudios a Barcelona, los de la otra clase se van de crucero por el mediterráneo. Te imaginas!! Tantos chicos y chicas metidos en un barco!”. Pero en el fondo creo que el sitio le mola tanto como a mí. Naturaleza, naranjos, callejuelas, balcones y plazuelas, macetas en latas, un lago, unas vistas increíbles... Lo echará de menos cuando sea mayor. Le insisto sobre los hippies que he oido que viven alla. “Casi todos alemanes, algún holandes, .... mucho hippie, y mucha droga. Aunque los más viejos van muriendo, siguen viniendo. Se reproducen!". Pero el tema no le interesa demasiado y prefiere hablar de bicicletas. Los padres, esa generación del paz y amor, y los hijos de la Wii y la TV. Me despido en alemán del simpático chaval y me siento a comer las mandarinas en lo alto de las murallas. Se divisa perfectamente el peñón de Gibraltar, y un poco más allá, en brumas, la costa de Marruecos (veo África!!).

Antes de comenzar la siguiente etapa me paseo un poco más por este ambiente urbano medieval. El descenso del Castillo hacia Jimena es una gozada. Bajada empedrada para poner a prueba tu equilibrio y la resistencia de la bici. El inicio de “las amplias vegas de Jimena” pinta guapo y facil: “recorrido que apenas presenta relieve”. Nada más lejos de la realidad.
El camino comienza sorteando charcos, viendo los campos y los cortijos al pasar. Hasta que se van haciendo tan grandes que tengo que atravesarlos. Al principio coger carrerilla y pasar por medio de los charcos con los pies levantados me parece muy entretenido. Pero el terreno está cada vez más enfangado.
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Las "enfangadas" vegas de Jimena
Charcos. Enormes. Ya no me hacen tanta gracia. Barro. Mucho. Llegado un momento estoy metido en una ciénaga. Soy un lince... Mala jugada hacer esta etapa después de tantas lluvias. No hay manera de hacer andar la bici y me descalzo para arrastrarlai. Parezco una luchadora de barro. Pobres alforjas de josemari. Tres horas en recorrer 20 kilómetros. Estoy cansado, hace frio, huelo a tigre, tengo hambre, y ..... Veo la carretera tan cerca. Cuando ya pienso que no me queda nada para llegar al asqueroso y ahora tan deseado asfalto resulta que el Hozgarganta está medio desbordado. El último río virgen de Andalucía me corta el paso tras las lluvias del invierno.

Un pastor al otro lado del río me dice que no hay puentes más allá, que este es el último paso que queda y debería volver atrás. Decido ser más listo que nadie, vuelvo a descalzarme y acojonado me la juego. Pocas veces he puesto la quinta marcha en este viaje “tranquilo”. Y ésta fue una de ellas. A toda pastilla ante la atenta mirada del pastor y sus cabras rezo mientras avanzo por el rio. Pierdo velocidad. Mierda. Me quedo en la mitad. Mierda. Me arrastra. Mierda, me estoy haciendo daño en los pies descalzos. Coño que se me lleva la bici!! Javier deja sus cabras y corre a ayudarme con sus botas de plástico. Un tipo la mar de simpático, me salva la bici y me devuelve al camino.
Empapado y con heridas en los pies, le agradezco su ayuda. Menos mal que las alforjas son impermeables. Javier trabaja en un campo de golf de mantenimiento, es pastor de cabras por hobby. Quedan apenas dos horas de luz y con el rabo entre las piernas le pregunto si sabe donde podría dormir. Al lado de su corral hay una explanada. Le acompaño mientras recoge el rebaño, tengo la esperanza de que haya una tejabana en la que resguardarme, pero es un erial que huele a caca de cabra. Con la excusa de que el ruido de los cencerros no me dejará dormir en toda la noche me despido y continuo hasta Jimena de la Fra. Voy hecho un gorrino, pero no dejo de tener estilo... Paso delante de un cochazo para hacerle un merecido lavado a la bici en una gasolinera. Llego de noche como un cobarde al camping de Jimena . 10 horas de cama. Suelo dulce suelo. Y el día siguiente mis únicos pantalones y las zapatillas siguen mojados. La próxima parada es Algatocín a unos 800 metros de altitud. Ofu, que vida más dura. Parece mentira que esté de vacaciones”.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Hay que joderse! Hablas de vistas increíbles, de un castillo, naranjos y callezuelas, de que ves África, y le sacas fotos a un jodido cartel, un túnel de lavado y a un puñetero charco...¡Al menos podías publicar una autofoto de ti embarrado! No me extraña que tu hermano no entre por aquí... ;DDD

Anónimo dijo...

¡Mil perdones! He visto las fotos más abajo. Muchas de ellas, muy buenas...

Anónimo dijo...

AUPA! KONTATZEN DITUZUNAK KONTATUTA ERE ZIRU PRIMERAN PASATZEN ARI ZARELA...MUSU HANDI BAT ETA ONDO SEGI! ORZU

gsus dijo...

leolete! me alegra de que te gustaran las fotos. son demasiadas eh?! esque no sabia cual eliminar! hasta los charcos de barro eran importantisimos!! :)

ORZU!! oso ondo pasa dut bai... imagina dezaket orain nola pasa zenuten zuek ere!! muxu handi bat