lunes, julio 14, 2008

THE ROCK CLUB

Nunca he intentado explicar porqué lo hacemos. Lo que se siente cuando escalamos.

Preguntenselo a Jack, el lunes en la oficina tras un buen finde de escalada, tras una buena jornada en el club de la roca.


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Esa sonrisa estúpida que se te queda durante toda la semana, lo que dice tu jefe atraviesa tu cerebro sin pararse, mientras tu sigues en esa fisura o bavaresa sin fin, en la otra dimensión, en el universo mágico. Las uñas llenas de magnesio, los músculos doloridos, una tira sucia de esparadrapo en uno de tus dedos y el dorso de las manos magullados. Sentir el leve escozor de los rasponazos de los empotres cuando le estrechas la mano a un cliente. Notar las cicatrices de caidas, y esa leve torcedura de tobillo del hostión que te metiste... todo sabe a gloria.

Este ha sido otro de esos findes con el Rock Club. Primero en Ordesa, un intento a la Brujas-francoespañola del Tozal del Mallo abortado por una tormenta de verano. Ya lo contaré cuando regrese a acabarla (esta si que es una de machos). Y luego un sitio de deportiva que no recuerdo el nombre... Me duele todo.

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